¿Evaluamos conocimientos o evaluamos capacidad de rendimiento?
Lo que la investigación en factores humanos nos enseña sobre percepción, aprendizaje y desempeño profesional
Un piloto puede tener la misma licencia que otro.
Un médico puede haber cursado la misma formación.
Dos profesionales pueden superar exactamente los mismos procesos de selección.
Sin embargo, cuando ambos se enfrentan a situaciones complejas, el rendimiento puede ser muy diferente.
¿Por qué ocurre esto?
Tradicionalmente, los procesos de evaluación profesional se han centrado en conocimientos, experiencia, competencias observables, aptitud médica y determinados factores psicológicos relacionados con el desempeño.
Y, sin duda, todos ellos son elementos fundamentales.
Sin embargo, existe una pregunta que merece una reflexión más profunda:
¿Estamos evaluando todas las capacidades que realmente influyen en el rendimiento humano?
La realidad es que el desempeño profesional no depende únicamente de lo que una persona sabe.
Depende también de cómo percibe la información, cómo la interpreta, cómo la integra con sus conocimientos previos, cómo mantiene la atención, cómo toma decisiones bajo presión y cómo responde cuando las demandas cognitivas aumentan.
En otras palabras, el rendimiento es el resultado de un conjunto complejo de procesos perceptivos, cognitivos y conductuales.
Y es precisamente en este ámbito donde la investigación en Factores Humanos lleva décadas aportando conocimiento.
A pesar de la evolución de los sistemas de selección, de los programas de formación y de los avances tecnológicos, el factor humano continúa apareciendo de forma recurrente en la investigación de accidentes e incidentes en sectores de alta exigencia.
No porque las personas carezcan de conocimientos.
No porque no hayan sido correctamente formadas.
Sino porque el ser humano posee limitaciones inherentes en la percepción, la atención, la memoria de trabajo y la toma de decisiones.
La propia aviación nos ofrece numerosos ejemplos.
Profesionales altamente cualificados pueden interpretar incorrectamente una situación, construir modelos mentales erróneos o tomar decisiones basadas en información incompleta o mal integrada.
Precisamente por ello, disciplinas como los Factores Humanos, el Crew Resource Management (CRM) o la Conciencia Situacional han adquirido una importancia creciente en la mejora de la seguridad operacional.
Pero existe otro aspecto menos conocido.
La investigación aeronáutica lleva años estudiando variables relacionadas con la percepción espacial, la coordinación psicomotora, la lateralidad cerebral, la integración sensorial y la capacidad de procesamiento de la información.
Trabajos como los desarrollados por Crowley y Major en la USAF School of Aerospace Medicine o investigaciones posteriores de Pipraiya y Chowdhary han explorado cómo determinadas características neurofuncionales pueden influir en el rendimiento operacional.
Más allá de las conclusiones específicas de cada estudio, todos ellos apuntan hacia una misma idea:
Existen variables relacionadas con la forma en que las personas perciben, procesan y utilizan la información que pueden influir significativamente en su desempeño profesional.
Y, sin embargo, muchas de estas variables apenas aparecen en los procesos habituales de evaluación.
Quizá porque históricamente hemos centrado nuestra atención en lo que resulta más fácil medir.
Los conocimientos.
La experiencia.
Las titulaciones.
Los resultados.
Pero el rendimiento humano va mucho más allá.
Desde mi experiencia en evaluación competencial, entrenamiento de Conciencia Situacional y desarrollo del rendimiento humano, he observado que muchas de las dificultades que posteriormente aparecen en el desempeño profesional no están necesariamente relacionadas con una falta de conocimientos técnicos.
Con frecuencia tienen que ver con la gestión de la atención, la integración simultánea de información, la capacidad de adaptación, la interpretación de señales relevantes o la construcción de una representación adecuada de la situación.
Por ello, considero que el futuro de la evaluación profesional podría beneficiarse de una mirada más amplia.
No para sustituir los modelos actuales.
No para cuestionar los estándares regulatorios existentes.
Sino para complementarlos.
Porque los requisitos regulatorios establecen unos estándares comunes esenciales para garantizar la competencia profesional y la seguridad.
Pero la investigación continúa avanzando.
Y cada vez comprendemos mejor cómo influyen la percepción, el aprendizaje, la atención y el procesamiento de la información en el rendimiento humano.
Quizá la pregunta ya no sea únicamente si una persona está preparada para desempeñar una función.
Quizá la pregunta sea:
¿Comprendemos realmente cómo funciona la persona que va a desempeñarla?
Porque el futuro de la evaluación del talento probablemente no dependa solo de identificar lo que una persona sabe.
Probablemente dependerá cada vez más de comprender cómo percibe, cómo aprende, cómo desarrolla competencias y cómo responde cuando opera en entornos complejos.
Y ahí todavía existe un enorme espacio para seguir investigando, desarrollando herramientas y mejorando nuestra comprensión del rendimiento humano.